KOBANE

A lo largo de la historia han existido ciudades que se han visto en la terrible encrucijada de defender su ciudad, sus valores y costumbres,  o ser destruidos. Ciudades como El Álamo durante la Guerra independentista de Texas. Badajoz, durante la Guerra Civil Española. Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial. O Chorrillos, durante la Guerra del Pacífico, nos muestran que quizás en situaciones tan extremas, tan distópicas, tan terriblemente desoladoras, se es consciente de la dimensión comunitaria, más allá del individualismo cotidiano.

Kobane, una ciudad Siria cercana a la frontera con Turquía,  está siendo defendida por sus habitantes, frente a los ataques del llamado Estado Islámico. En los últimos meses, el llamado Estado Islámico ha cometido los peores crímenes internacionales, desde la ejecución extrajudicial hasta la venta de mujeres y niñas como esclavas. Por ello, el temor de la comunidad internacional  es que esta ciudad caiga bajo el control del Estado Islámico, debido a la tragedia humanitaria que se causaría a esta ciudad.



Los kurdos son la minoría étnica más grande en el Medio Oriente que no se encuentra establecida en alguna forma de Estado nación. En la primera guerra mundial, los kurdos se unieron lucharon junto a los aliados contra el  Imperio Otomano. Vencieron. Y gracias al Tratado de Sèvres, obtuvieron el reconocimiento de su independencia.

Sin embargo, dicho Tratado no fue ratificado. La Liga de Naciones repartió los territorios del Imperio Otomano entre los vencedores de la Primera Guerra Mundial. Un rápido movimiento político generó que Turquía se independice, y retenga un considerable territorio del Kurdistan. El resto del kurdistan se dividió entre  los mandatos a favor de Francia (Siria y Líbano) e Inglaterra (Irak, Palestina y lo que vendrían a ser luego Israel y Jordania). 

Desde el establecimiento de la ONU, el pueblo kurdo viene reclamando su independencia.  En la década del setenta, se fundó el partido de Trabajadores del Kurdistan (PTK), quienes han continuado con el reclamo independentista. En 1984, el PTK se alzó en armas contra Turquía. En el 2012, se inició un frágil proceso de paz.  En la actualidad, el presidente del PTK, Abdullah Öcalan, se encuentra preso y condenado a cadena perpetua por los delitos de terrorismo y separatismo.

Esta breve referencia a la llamada “cuestión kurda” resulta esclarecedora para comprender el criticado rol del gobierno turco. Para Turquía, el PTK es una organización terrorista. La militancia del PTK es muy cercana a las Unidades de Protección Popular (YPG, en kurdo), quienes  están defendiendo Kobane de los yihadistas. El parlamento turco autorizó la intervención en Siria, “para combatir a grupos terroristas”. Sin embargo, el presidente turco Erdogaran, no aprueba una intervención focalizada en salvar a Kobani, sino que exige que el exiguo régimen de Basshad Al Assad sea depuesto, que los islamistas del estado islámico sean derrotados, y por supuesto, que se combata al PKK.

La posición de Erdogaran, incluso, puede ser considerada desafiante a Estados Unidos y el Reino Unido, en una reciente declaración ha manifestado “Se lo digo a Occidente: soltar bombas desde el aire no traerá una solución”. Lamentablemente, dicha afirmación se ajusta a la realidad.  John Kirby, portavoz del Pentagono, ha manifestado que los ataque aéreos de la Coalición, no serán suficientes para evitar que el Estado Islámico invada Kobani.

En los últimos días, el Presidente de la Comisión de Investigación de Naciones Unidas sobre Siria, Paulo Pinheiro, denunció las ejecuciones de cientos de personas del clan Al-Sheitat en Dayr Az Zawr por parte del Estado Islámico. Asimismo, a la fecha, según el Observatorio de Derechos Humanos de Siria, aproximadamente 400 personas han muerto por el asedio del Estado Islámico, y 200 mil personas se han desplazado para refugiarse en el territorio Turco. Aunque aún los habitantes de Kobane se mantienen defendiendo la ciudad, el Estado Islámico ha capturado a nueve combatientes kurdos y los ha decapitado a las afueras de la ciudad de Kobani[1], lo cual sin duda vislumbra la terrible consecuencia humanitaria que provocaría la toma de la ciudad por parte del Estado Islámico.

Sin duda es latente una crisis entre Washington y Ankara. El gobierno turco no ha mostrado una posición clara respecto al Estado Islámico, salvo la mera pasividad. Recientemente, el New York Times ha dedicado un duro editorial a la política del presidente Erdogaran, señalando que su actuación sobre Kobani es una acusación a sus cínicos cálculos políticos y que su conducta es apenas digna de la de un aliado de la OTAN[2]. En el mismo sentido, el diario español El País, indica que el accionar de Turquía pone en peligro la cohesión de la coalición contra el Yihadismo[3]. El experto Günter Seufert ha señalado que para Turquía la prioridad no es la lucha contra el EI, sino contra el PKK y, en segundo término, contra el régimen de Assad en Siria, lo cual sin duda difiere de las prioridades de las Naciones Unidas, la OTAN y de la propia Liga Árabe.



La cuestión a disipar es si las fuerzas armadas turcas se movilizarán para defender a ciudad de Kobani. O en todo caso, cuál será su posición luego de la caída de Kobani. En las ciudades que han caído bajo el control del estado islámico, se ha ejecutado a sus pobladores sin misericordia. No cabe duda que una inacción por parte de Turquía, generara la inmediata reacción de la población kurda (hasta la fecha, las protestas ciudadanas han provocado la muerte de 21 personas), la condena al ostracismo por parte del occidente, y lo peor, un  lamentable acercamiento al Estado Islámico, no por acción, sino por omisión.



[1] http://themuslimissue.wordpress.com/2014/10/02/isis-behead-nine-fighters-including-three-female-fighters-in-kobani-syria/
[2] http://www.nytimes.com/2014/10/09/opinion/turkeys-refusal-to-fight-isis-hurts-the-kurds.html
[3] http://elpais.com/elpais/2014/10/08/opinion/1412794932_455866.html
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Fukuyama estuvo en Lima

El pasado 9 de octubre se llevo a cabo en Perú la V Cumbre Presidencial, Agenda Social de la Democrácia,organizado por Centro Global para el Desarrollo y la Democracia, el cual es dirigido por el ex-Presidente del Perú, Alejandro Toledo. La visita de Fukuyama debió haber contado con una mayor difusión, hubiera sido saludable el gesto de poner en la televisión nacional la disertación -al menos la de Fukuyama. Mientras aguardamos a que la página web del referido Centro cuelgue las ponencias, aprovecharemos para comentar uno de los últimos libros de Fukuyama: América en la Encrucijada(Francis Fukuyama. América en la encrucijada. Barcelona:Ediciones B.2007,240pp.). No obstante, aca les dejo el link de la entrevista que dio Fukuyama en exclusiva a la Revista Caretas, en julio del presente año en el que comenta sobre la situación de la pobreza y América Latina.
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Porqué necesitamos una reforma del sistema de salud en Estados Unidos


En América Latina,somos testigos de lo difícil que es realizar reformas de Estado. Generalmente, los múltiples intereses corporativos existentes, frustan cualquier intento de cambiar el Estatuo Quo. Así, intereses gremiales, empresariales , políticos, o simplemente el temor al cambio pueden acabar con los mejores modelos de las reformas.

Un ejemplo significativo es el actual proceso de reforma del sistema de salud en los Estados Unidos de América. Barack Obama se enfrenta a multiples intereses, pero también ha sabido crear con múltiples aliados.En los siguientes post, seguiremos atentos a todos los incidentes de este intento por realizar una de las reformas más importantes en los Estados Unidos.

Por lo pronto,les ofrecemos el excelente artículo publicado por Barack Obama en el New York Times .

A continuación , les ofrecemos la versión en español.


Porqué necesitamos una reforma del sistema de salud en Estados Unidos
Por Barack Obama, Presidente de los Estados Unidos.


Nuestra nación está envuelta en un gran debate sobre el futuro del sistema de salud en América. Y en las pasadas semanas, la mayor parte de la atención mediática se ha centrado en las voces que más se oyen. A quien no hemos oido es a las voces de millones y millones de americanos que silenciosamente luchan cada día con un sistema que a menudo funciona mejor para las compañías aseguradoras que para ellos.

Esas personas son como Lori Hitchcock, a quien conocí en New Hampshire la semana pasada. Actualmente Lori es autónoma y está intentando abrir un negocio, pero como tiene Hepatitis C, no encuentra una compañía aseguradora que la cubra. Otra mujer testificó que una compañía de seguros no cubría las enfermedades relacionadas con sus órganos internos debido a un accidente que tuvo cuando tenía 5 años. Un hombre perdió su cobertura de salud en medio de una quimioterapia porque la compañía aseguradora descubrió que tenía "litiasis biliar", algo que él no sabía cuando se aseguró. Su tratamiento fue retrasado, y murió.

Escucho más y más historias como esta todos los días, y esa es la razón por la que estamos actuando con tanta urgencia para aprobar la reforma sanitaria este año. No necesito explicar lo importante que es esto para los cerca de 46 millones de americanos que no tienen seguro sanitario. Pero es igualmente importante para los americanos que tienen seguro sanitario.

La reforma que estamos proponiendo proporcionará más seguridad y estabilidad a todos los americanos de cuatro formas.

En primer lugar, si no tiene seguro sanitario, podrá escoger una cobertura sanitaria de alta calidad y barata para usted y toda su familia - cobertura que permanecerá con usted si se muda, cambia o pierde su trabajo.

Segundo, la reforma contendrá los cada vez más caros costes de salud y los mantendrá bajo control, lo cual se traducirá en más ahorros para las familias, empresas y nuestro gobierno. Reduciremos los cientos de miles de millones en despilfarro e ineficiencia de los programas de salud federales como Medicare y Medicaid y en las subvenciones a compañías aseguradoras que no hacen nada para mejorar la gestión y todo para mejorar sus beneficios.

Tercero, haciendo que Medicare sea más eficiente, podremos asegurar que más dólares de impuestos irán directamente al cuidado de jubilados en lugar de enriquecer compañias. Esto no solamente ayudará a proporcionar a los jubilados los cuidados que se les han prometido; también asegurará la solidez de Medicare para futuros jubilados. Y nuestras reformas también reducirán la cantidad que nuestros jubilados pagan por sus medicinas

Por último, la reforma proporcionará a todo americano ciertos derechos básicos como consumidor que finalmente harán a las aseguradoras responsables de sus actos. Una encuesta nacional de 2007 mostró que las aseguradoras discriminaron a más de 12 millones de americanos en los 3 años anteriores porque tenían enfermedades o ciertas disposiciones preexistentes. Las compañías o bien rechazaron cubrir a esa persona, rechazaron cubrir una enfermedad o condición específica o cobraron un extra.

Pondremos fin a esas prácticas. Nuestra reforma prohibirá a las compañias aseguradoras negarse a cubrirle por su historial médico. Tampoco se les permitirá descubrir su cobertura si se pone enfermo. No podrán reducir su cobertura cuando más lo necesite. No podrán poner límites arbitrarios en la cobertura que puede recibir en un año o en su vida. Y pondremos un límite en cuanto pueden cobrarle por gastos extras. Nadie en América debería quebrar porque se pone enfermo.

Lo que es más importante, requeriremos que las aseguradoras hagan chequeos periódicos, apliquen salud preventiva y hagan tests como mamografías y colonoscopias. No hay ninguna razón por la que no debamos detectar enfermedades como cáncer de pecho y cáncer de próstata antes de tiempo. Tiene sentido, salva vidas y ahorra dinero.

Esto es en lo que consiste esta reforma. Si no tiene cobertura sanitaria, tendrá opciones baratas y de calidad una vez que aprobemos la reforma. Si tiene un seguro, nos aseguramos de que la aseguradora o los burócratas del gobierno no se interpongan entre usted y la salud que necesita. Si le gusta su doctor, pueden conservar su doctor. Si le gusta su plan de salud, puede conservarlo. No tendrá que esperar. Esto no consiste en poner al gobierno a cargo de la gestión de salud. Creo que nadie debería estar a cargo de su salud excepto usted y su doctor - ni burócratas del gobierno, ni compañías de seguros.

El largo debate sobre la salud que ha estado teniendo lugar en los últimos meses es algo bueno. Eso es en lo que consiste América.

Pero asegurémonos que hablamos unos con otros, y no unos contra otros. Podemos estar en desacuerdo, pero estemos en desacuerdo en problemas reales, y no desinformaciones que no tienen parecido con nada de lo que ha sido propuesto. Este es un problema complicado y crítico, y se merece un debate serio.

A pesar de lo que hemos visto en televisión, creo que un debate serio está teniendo lugar en las mesas de la cocina de toda América. EN los últimos años, he recibido incontables cartas y preguntas sobre la salud. Algunas personas están a favor de la reforma, otras tienen dudas. Pero casi todos entienden que algo debe hacerse. Casi todos saben que debemos hacer que las aseguradoras sean responsables de sus actos y que debemos dar a los americanos una mayor estabilidad y seguridad en lo que se refiere al sistema sanitario.

Confío en que cuanto todo esto esté dicho y hecho, podamos lograr el consenso que necesitamos para lograr este objetivo. Estamos más cerca de conseguir la reforma del sistema sanitario de lo que lo hemos estado nunca. Tenemos a bordo a la Asociación Nacional de Enfermería y a la Asociación Nacional de Médicos, porque nuestros enfermeros y doctores saben de primera mano lo mucho que necesitamos la reforma.

Tenemos un amplio consenso en el Congreso en aproximadamente el 80 por ciento de lo que pretendemos hacer. Y tenemos el apoyo de las compañías farmaceuticas para hacer las medicinas para los jubilados más baratas. El AARP(*) apoya esta política, y está de acuerdo con nosotros en que esta reforma debe ocurrir este año.

En las semanas próximas, los cínicos y los que no tienen nada que decir continuarán explotando el miedo y las dudas con propósitos políticos. Pero de todas las tácticas, la que da miedo -verdaderamente miedo- es que al final no hagamos nada. Si mantenemos el status quo, seguiremos viendo como 14000 americanos pierden su seguro sanitario cada día. Los extras continuarán disparándose. Nuestro déficit continuará creciendo. Y las compañías aseguradoras continuarán obteniendo beneficios mediante la discriminación de las personas enfermas.

Ese no es el futuro que quiero para mis hijos, o para los suyos. Y es un futuro que no deseo para los Estados Unidos de América.

Al final, esto no consiste en política. Esto consiste en las vidas de las personas. Esto es un asunto sobre las personas. Esto es sobre el futuro de América, y sobre si podremos mirar atrás dentro de unos años y decir que este fue el momento en el que hicimos los cambios que necesitabamos, y dimos a nuestros hijos una mejor vida. Creo que podemos, y creo que lo haremos.

(*)American Association of Retired Persons
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Nuevamente el conflicto Palestino -Israeli

Mientras el mundo aun se encontraba regocijado por el fin del Gobierno de George Bush y la elección de Barack Obama; luego de la celebraciones de navidad Israela lanzado un ataque contra territorio de la Autoridad Palestina.

Lo que creia en un primer momento que solo constituiria en ataque aéreo contra algunos objetivos militares de Hamas se ha transformado en una incursión terrestes, precisamente, lo que más temia la comunidad internacional debido a que la acciones militaresterreste provocarán aún más bajas civiles que los ataques aereos. Hay que recordar que la Franja de Gaza es una de las regiones más densamente pobladas del planeta. Con una superficie de sólo 360 kilómetros cuadrados, es el hogar de más de 1,4 millones de palestinos y alrededor de 7.300 israelíes radicados en asentamientos (según estadísticas de 2004). Para una comprensión más cabal de esté conflicto es necesario recordar algunos antecedentes.

El nacimiento del Estado Israeli



Siendo breves, todo empezo con el fin del mandato britanico sobre el territorio palestino. Las Naciones Unidas mediante Resolución la resolución 181 de la Asamblea General de Naciones Unidas (29 de noviembre de 1947) recomienda la partición de Palestina en un Estado judío, un Estado árabe y una zona bajo régimen internacional particular(Ver imagen). Sin embargo, seís meses despues, el 15 de mayo de 1948, Israel proclamaria su independencia, instanteneamente los paises arabes vecinos (Egipto , Siria, Irak, Transjordania, Libano y Arabia Saudita) lanzarian una ofensiva militar . Este primera guerra acabaria con la estrepitosa derrota de los paises arabes y el triunfo juidio que ampliaria en un 23% control de territo adicional al otorgado por las Naciones Unidas.






La guerra del canal de Suez






El conflicto entre Egipto e Israel no ceso.En 1956 Egipto bloqueo en paso de buques mercantes de Israel tanto por el estrecho de Tiran como el canald e Suez, lo que genero que Israel se uniera con Francia e Inglaterra (perjudicados por la nacionalización del canal de Suez) y lanzaran un ataque conjunto contra Egipto. La intervención energica de Estado Unidos y la URSS, genero que desitieran y se retiren de Egipto. Este contexto genero que los arabes empezaran a organizarse para constituir el Estado Palestino, lo que motivo la creación de la Organización para la Liberalización de Palestina(1964).


La guerra de los 6 dias


La llamada guerra de los 6 dias se debio a la recuperación por parte de Egipto del golfo de Aqba. Estra situación volvio a poner en peligro la navegación de los buques comerciales hebreos lo que genero la ofensiva israeli mediante la cual ocupo la peninsula del Sinai(Egipto), los Altos del Golan(Siria), la Franja de Gaza, Cisjordania

Más información:

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UN MUNDO EN CAMBIO

Han transcurrido 7 años desde el ataque a las Torres Gemelas. Desde aquella fecha, se han producido en el mundo cambios que han trastocado las relaciones internacionales. Por ello, surge la motivación de crear este blog, analizar los cambios globales y dilucidar como puede el Perú participar en el escenario internacional.
Para empezar éste blog, publicaremos un artículo del diario El Pais de España sobre la cuestionada actuación del Secretario General de las Naciones Unidas en la resolución de los conflictos mundiales. Una actuación que deja mucho que desear respecto a su predecesores.
Ban Ki-moon, el hombre invisible

El secretario general de la ONU ha permanecido ausente de los grandes conflictos internacionales y ha desdibujado el papel de la organización. Naciones Unidas pierde así la oportunidad que abre el próximo relevo en Washington de renacer de los escombros de Irak
JOHN CARLIN 07/09/2008


Durante una reunión con líderes palestinos en Jerusalén Este el año pasado, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, empezó expresando la satisfacción que le proporcionaba "estar en Israel".

El secretario general de la ONU siguió de vacaciones tras estallar la guerra en Georgia
La cuestión de Kosovo pedía a gritos una postura enérgica de Ban Ki-moon, pero él desapareció
"Es más secretario que general, y no tiene la visión ni el liderazgo necesarios para reactivar la ONU"
Ban Ki-moon se ha rodeado de un círculo de coreanos que desata el recelo en la sede de la ONU en Nueva York
"Es necesario un secretario general político y Ban no lo es", dice un ex presidente del Consejo de Seguridad
"Si Ban Ki-moon espera a tener consenso, puede quedarse esperando siempre", remacha un diplomático europeo

Mientras los palestinos presentes se quedaban boquiabiertos, esforzándose por reprimir su indignación, un colaborador de Ban le susurró al oído que llamar al territorio ocupado en el que estaban "Israel" no era precisamente lo más diplomático que podía hacer, dados los asistentes. Ban asintió, prosiguió y terminó sus palabras con una sonrisa y un alegre: "Es un gran placer estar en Israel".

El desconcierto que provocó Ban aquel día entre los palestinos se ha extendido hoy, 20 meses después de que asumiera el cargo de secretario general, a la mayor parte de los Estados miembros de la ONU. En vísperas de la sesión número 63 de la Asamblea General que comenzará en Nueva York el 16 de este mes, ceremonia anual en la que se reúnen jefes de Gobierno de todo el mundo, existe una creciente percepción de que no sería aconsejable que Ban, anteriormente ministro de Exteriores de su país, Corea del Sur, renovara su actual mandato de cinco años cuando concluya. Lo habitual sería que continuara en un puesto que algunos han descrito como "un papado laico", pero aumenta la impresión de que "el vaso está más bien vacío", como dice un antiguo alto funcionario de la ONU; que no es el hombre indicado para preservar la independencia y la legitimidad de Naciones Unidas y para dirigir la organización en un momento en el que sufre una creciente parálisis, pero en el que existe un atisbo de oportunidad -ante el inminente cambio de Gobierno en Estados Unidos- para poder alzarse, desde los escombros de la guerra de Irak y la animosidad del presidente George W. Bush, como la fuerza moral y política por los derechos humanos y la paz que se pretendió que fuera cuando se fundó, a finales de la Segunda Guerra Mundial.
En los últimos 20 meses se han sucedido los conflictos en los que el secretario general podría haber intentado ejercer un liderazgo político y moral -Sudán, Kosovo, Zimbabue, Georgia-, pero Ban se ha limitado a lanzar comunicados o formular declaraciones efímeras. Él mismo, fuera del mundo de la diplomacia, es un personaje que ha pasado casi inadvertido, cuyo nombre pocas personas conocen.

Este periódico ha entrevistado para este reportaje, en Nueva York, Londres y Madrid, a 20 personas de cuatro continentes. Algunos de ellos han pasado mucho tiempo en su compañía y otros le siguen atentamente, pero desde fuera. Entre las acusaciones específicas que se le hacen, una es que no anima el debate y se enfurece las pocas veces que sus asesores internacionales en la secretaría general se atreven a proponerle opiniones contrarias a las suyas; otra, que toma sus decisiones basándose en un círculo de confianza de colegas coreanos que le rodean y le cobijan.

Según una persona no coreana que asiste a reuniones con él en el piso 38 del edificio de la ONU en Nueva York, el último en llegar suele encontrar que la silla enfrente de Ban (se reúnen alrededor de una larga mesa rectangular, con Ban en el medio) está vacía. Porque cuando al secretario general le entra una rabieta, la concentra sobre la persona sentada en esa silla.

Los entrevistados, en su mayoría, han hablado con la condición del anonimato y han insistido, todos, en hacerlo off the record cada vez que se aventuraban a expresar una opinión sobre Ban, incluso en los casos en que la opinión era positiva. La cultura de la ONU, organización en la que todos trabajan con contratos renovables, les condiciona. Algunos ocupan en la actualidad altos cargos en Naciones Unidas; otros los han ocupado hasta hace poco, y otros trabajan o han trabajado para la ONU en puestos operativos importantes en todo el mundo. Todos dedican su tiempo a ser observadores profesionales de la organización. Algunos piensan que la historia absolverá a Ban; que es un hombre extraordinariamente trabajador, seguro y capaz, de gran integridad. Pero la opinión dominante, expresada incluso por miembros desmoralizados del equipo político de la ONU, podría resumirse en la siguiente frase, que, con escasas variaciones, han pronunciado una y otra vez muchos de los entrevistados: "Es más secretario que general, y no tiene la visión, el intelecto, la atención ni el liderazgo necesarios para reactivar Naciones Unidas".

La decepción es mayor porque podríamos estar ante una buena oportunidad para intentarlo. Un ex diplomático estadounidense entrevistado en Nueva York que ha asesorado a Barack Obama sobre política exterior dice que, gane quien gane las elecciones presidenciales en noviembre, Washington hará un esfuerzo para tratar con la ONU de la misma manera que lo hizo el presidente Bush padre. Sobre todo en el consenso que logró construir alrededor de la primera guerra del Golfo, tras la caída del Muro de Berlín. Colin Keating, que fue el presidente neozelandés del Consejo de Seguridad -donde se concentra el poder de la ONU- a principios de los años noventa, dice que Estados Unidos ha aprendido la lección en Irak y que existen "fuertes motivos para pensar que el próximo Gobierno estadounidense tendrá una estrategia más colaboradora".

Hay más razones para considerar que éste puede ser un buen momento para que el actual secretario general intente imponer su voluntad en Naciones Unidas. La propia organización, como el mundo que refleja, se encuentra en un periodo de flujos, fragmentación y confusión que, a juicio de muchos de los que contemplan asombrados el nuevo desorden posguerra fría, clama por una voz claramente definida, tanto práctica como de principios. Entre las grandes fuerzas que están reconfigurando el mundo hay que contar con el papel ascendente de China, India y Rusia; el terrorismo y la propagación de las armas letales; la crisis energética; la incertidumbre sobre las reservas de alimentos y agua; y los Estados tiránicos y en quiebra como Sudán y Zimbabue. Además del permanente derramamiento de sangre y las tensiones en Irak, Irán y Oriente Próximo en general.

El foco de conflicto más reciente es el que se abrió el mes pasado tras el envío de tropas rusas a Georgia. "Pese a ello, Ban no toma iniciativas", dice un alto diplomático europeo en la ONU. "Es un líder reacio a actuar, espera a obtener el consenso antes de avanzar". No interrumpió sus vacaciones cuando se desató la crisis en Georgia, y sus declaraciones tardías sobre aquel conflicto se han centrado más en "la crisis humanitaria" que se ha desatado que en la política. El protagonismo internacional se lo ha cedido a líderes europeos como Nicolas Sarkozy, Angela Merkel y Gordon Brown.

En cuanto a la catástrofe política y económica en la que Robert Mugabe ha sumido a Zimbabue, Ban Ki-moon puso fin a un largo silencio en el mes de julio cuando declaró "ilegítimas" las elecciones convocadas por Mugabe. Pero sólo después de que quedara patente que ésa era la opinión compartida por todo el Consejo de Seguridad.

El inconveniente del Consejo de Seguridad, con sus 15 miembros, y de la Asamblea General, con 192, es que el consenso es difícil de alcanzar por el efecto paralizador del choque de demasiados intereses. La consecuencia es que, en una situación como la de Darfur, donde los asesinatos generalizados y la hambruna debida a motivos políticos son la norma desde hace cinco años, los intereses comerciales de China -uno de los cinco países representados de manera permanente en el Consejo de Seguridad-, mezclados con los principios africanos de solidaridad y una aversión general de muchos países de dudosa legitimidad a inmiscuirse en los asuntos de otros, han impedido la aplicación de presiones internacionales que correspondan a las aspiraciones humanitarias de quienes fundaron Naciones Unidas.

"El gran factor de división", dice un importante funcionario de la Secretaría General de la ONU, "es la intervención, lo que en el lenguaje de la ONU ha pasado a llamarse la 'responsabilidad de proteger". Como explica más gráficamente un antiguo funcionario de la ONU que colaboró estrechamente con el ex secretario general Kofi Annan, "la verdad es que hay muchos Estados miembros en la ONU, incluidos algunos importantes, que prefieren que haya violaciones de niños a gran escala que defender el principio de la intervención".
En este contexto existe la opinión, muy extendida, de que un instrumento fundamental en el esfuerzo para librar a la ONU de su tendencia a la parálisis es la persuasión y la presión del hombre que tiene más poder que cualquier otro para hablar en nombre de Naciones Unidas en su conjunto, su cabeza sacerdotal, el secretario general; una persona cuyo puesto conlleva en teoría una enorme carga de capital político y prestigio mundial; es decir, una gran capacidad de persuasión.

La medida de lo que es capaz de hacer un secretario general la da todavía Dag Hammarskjöld, el diplomático sueco que ocupó el cargo desde 1953 hasta su muerte en un accidente de avión en 1961. Siempre dispuesto a emprender la acción y a defender por todos los medios los principios de la ONU frente a la política del cinismo. Como un pontífice que estuviera defendiendo a su iglesia, fue el que declaró en una ocasión que los principios de la carta fundacional de la ONU eran "mucho más grandes que la organización en la que se encarnan, y los objetivos que protegen son más sagrados que las políticas de cualquier nación y cualquier pueblo".

La ONU es hoy una organización mucho más vasta de lo que podía haber imaginado Hammarskjöld. En la actualidad acoge todo tipo de organizaciones dedicadas a suministrar alimentos y ayuda humanitaria, atender a los refugiados y los niños pobres, fomentar la salud en todo el mundo y -la mayor tarea de todas- realiza misiones de paz en 20 países, con 100.000 soldados a su disposición. Sin embargo, el comandante en jefe de todo esto, Ban Ki-moon, sólo tenía experiencia internacional -antes de asumir su actual cargo- en las tres cuestiones que definen la política exterior surcoreana: la reunificación de las dos Coreas, mantener unas buenas relaciones con Estados Unidos y el trato con China. Ha preferido, dicen sus defensores, la diplomacia discreta, después de ver cómo el intento de su predecesor, Kofi Annan, de labrarse un papel político independiente hizo que tanto él como sus más estrechos colaboradores acabasen expulsados de la ONU por Estados Unidos.

"La gente de Bush, que quería reducir el papel del secretario general, encontró en Ban Ki-moon al hombre que necesitaba", dice un ex diplomático estadounidense que observa la ONU con lupa. "Era también el hombre que querían rusos y chinos, que estaban hartos de los sermones y la injerencia de Annan". Los europeos afirman que ellos no querían a Ban. "Nuestra opinión", cuenta un embajador europeo, "era que necesitábamos más general, mientras que Estados Unidos, Rusia y China querían más secretario".

Un embajador africano ante la ONU confiesa que personalmente le cae bien. "Pero lo que sucede es que los acuerdos cordiales que uno cree haber alcanzado con él desaparecen cuando penetran en lo que muchos llamamos el círculo íntimo coreano", en alusión al pequeño sector de compatriotas con el que se siente cómodo. "Ban es un trasplante que no está asentándose bien", afirma un ex funcionario de la ONU que ahora es catedrático de universidad. "Procede de una estructura culturalmente uniforme, homogeneizada, y ahora pretende dirigir una estructura culturalmente compleja y variada, y no está adaptándose como debiera". La cabeza de ese círculo íntimo es un antiguo funcionario del Ministerio coreano de Exteriores y graduado de la Universidad de Stanford, Kim Won-soo, oficialmente jefe adjunto de gabinete, pero, en opinión de muchos, "la eminencia gris" del que el secretario general depende más que de ninguna otra persona. Y ni el poco querido Kim, una de cuyas tareas ha consistido en despedir a los viejos leales de Annan de la planta 38 del edificio en el que se aloja la Secretaría General de la ONU, ni ninguno de los asesores coreanos, ni la mayoría del equipo multinacional que Ban ha tenido que crear por el protocolo de la ONU, parecen tener nada que ver, en talento y en experiencia, con el "equipo A" que Annan creó a su alrededor, a juicio de la mayor parte de los entrevistados para este artículo.

"Ban ha cubierto con toda corrección las cuotas de nacionalidades en su equipo", confirma un veterano embajador ante la ONU, "pero desde luego no ha puesto a la mejor gente en los cargos fundamentales".

Incluso algunas de las personas reputadas como competentes que rodean al secretario general se sienten desmoralizadas por la forma de trabajar de su jefe. No sólo no hace caso a sus consejos cuando chocan con la visión del círculo íntimo, dicen algunos, sino que raramente ofrece la oportunidad de dejarse aconsejar. "Aunque hay que añadir", opina un alto funcionario, "que el círculo íntimo incluye asimismo al embajador estadounidense. Se piensa que Ban está muy en deuda con los norteamericanos, y eso explica también por qué tantos diplomáticos de los que antes llamábamos países no alineados desconfían de él".

Pero los estadounidenses no son los que establecen el tono en las reuniones internas que preside Ban. El modelo es el que un funcionario que conoce bien los mecanismos del piso 38 llama la norma no escrita de que "debe prevalecer una cultura confuciana de armonía". "Eso significa", dice un entendido, "que casi nadie dice lo que sabe que Ban no quiere oír".

Por eso, las conversaciones que se producen en las reuniones del piso 38 presididas por Ban suelen estar vacías de contenido. "Otorga un enorme valor al trabajo duro, a la cantidad por encima de la calidad", afirma una persona que conoce su manera de trabajar. "Hace mucho hincapié en que la gente lleve la cuenta del número de kilómetros que ha volado él en misiones de la ONU, y en una ocasión se enfadó de forma terrible porque, por un descuido, alguien proporcionó una cifra demasiado baja".
Sin embargo, da la impresión de que verdaderamente no es frívolo en su dedicación al trabajo y que le gusta dar ejemplo. Se levanta todas las mañanas a las cinco, y cuando se reúne con su equipo, a las 8.30, ya ha hecho entre 6 y 10 llamadas telefónicas y ha leído diligentemente los resúmenes. Después, su rutina consiste en trabajar todo el día sin parar y seguir hasta medianoche para preparar la agenda del día siguiente. "Pero en público", cuenta un funcionario político de la ONU, "no se la juega". Una excepción ha sido el cambio climático, tema en el que ha tomado una cierta iniciativa. Pero su filosofía preferida es que la mejor forma de obtener resultados es actuar a base de pequeños avances.

No obstante, su cuenta de resultados tiene todavía mucho que demostrar. "Adoptar una postura sobre el cambio climático es mucho más fácil que hacerlo sobre la delicada cuestión de la independencia de Kosovo", dice un ex diplomático estadounidense que no simpatiza con el Gobierno de Bush. "Era una cuestión que estaba pidiendo a gritos una declaración enérgica del secretario general y él desapareció. Los rusos le asustaron. Le dijeron que se callara, y él cedió". Por otro lado, en Oriente Próximo su actitud contra Hamás ha coincidido de manera desvergonzada con la de Estados Unidos e Israel, según varios de los entrevistados por este periódico. Lo cual ha alimentado en gran parte la sensación entre muchos Estados miembros de que Ban es un títere de Washington.

El gran punto de fricción siempre es la intervención, la "responsabilidad de proteger" a los civiles amenazados por sus propios gobiernos. Un principio que se ha visto gravemente perjudicado por la invasión de Irak encabezada por Estados Unidos. "La tragedia de esta parálisis en el tema de la intervención es que los que salen perdiendo son los derechos humanos y la democracia", afirma un alto funcionario de la ONU que ha librado muchas batallas en ambos frentes. Un veterano activista de derechos humanos en Nueva York comparte esta opinión: "Kofi Annan acogía con interés nuestros informes porque le proporcionaban munición para las posturas morales que asumía; Ban los ignora y los considera molestos, porque le colocan en una tesitura que preferiría ignorar".
En opinión de Kieran Prendergast, vicesecretario general de asuntos políticos con Annan, lo que hace falta hoy es un "gran pacto internacional", un reequilibrio del orden mundial como los que se llevaron a cabo tras las dos guerras mundiales. "Es necesario un nuevo sistema que sustituya al de las dos superpotencias y reconstruya la legitimidad de la organización", dice Prendergast.

La base de dicho pacto podría ser que "Estados Unidos acepte que, antes de actuar contra una nueva amenaza, debe dar al Consejo de Seguridad la oportunidad de decir no, y a cambio, la comunidad internacional tendría menos respeto por el principio de la no intervención en los asuntos internos de los Estados". Este pacto, o una fórmula parecida y adaptada a los nuevos tiempos mundiales, no ha sido posible con George W. Bush, pero sí podría contar con el apoyo de un nuevo presidente estadounidense. Sobre todo si el secretario general utiliza su autoridad moral para entablar un debate a la altura de los nuevos desafíos, con el objetivo de aumentar la seguridad mundial y evitar nuevos 11 de septiembre.

Pero apoderarse así del escenario moral no es el estilo de Ban Ki-moon, según la mayoría de los entrevistados por EL PAÍS. Con la ONU a la deriva, pero Estados Unidos dispuesto al cambio, ellos creen que éste es el momento en el que hace falta una voz carismática, un Juan Pablo II o un Nelson Mandela de la diplomacia mundial. Tanto para establecer la estrategia global como para reaccionar ante cada crisis.

"En la era de los medios globalizados", argumenta un embajador europeo, "cuando es posible ver las crisis que se producen en un lugar lejano cinco minutos después de que ocurran, es necesario un secretario general capaz de responder también con rapidez, de establecer las prioridades morales y obtener así el capital político preciso para poder convencer y dirigir. Es necesario, en otras palabras, un secretario general político. Ban no lo es. Si fuera más eficiente en ese sentido, tendríamos una ONU más eficaz".

Colin Keating, el presidente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas durante el genocidio de Ruanda de 1994, prefiere no referirse directamente a Ban, pero sí cree que el puesto de secretario general exige una alta visibilidad. "Cuanto mejor se haga ese trabajo, cuanto más se hable al público, más se aplacarán las críticas a la ONU, se acumulará credibilidad y se obtendrán apoyos", explica Keating. "Hace falta un buen comunicador porque, muchas veces, la buena comunicación es el único instrumento del que realmente disponemos".

La buena comunicación sumada a un mensaje moral claro y contundente, que no busca la coartada del consenso ni se refugia en la burocracia de la ONU o en el "círculo íntimo coreano" o en el matorral del Consejo de Seguridad. Esto es lo que muchos echan en falta desde la llegada de Ban Ki-moon a la Secretaría General de Naciones Unidas.

"El problema, y lo vemos de manera especialmente apremiante en lugares como Zimbabue y Sudán, y ahora Georgia", sentencia un alto representante europeo en la ONU, "es que hace falta que el secretario general tome la iniciativa política. Y si espera a lograr un consenso, puede esperar para siempre".
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