A lo largo de la historia han
existido ciudades que se han visto en la terrible encrucijada de defender su
ciudad, sus valores y costumbres, o ser
destruidos. Ciudades como El Álamo durante la Guerra independentista de Texas.
Badajoz, durante la Guerra Civil Española. Varsovia durante la Segunda Guerra
Mundial. O Chorrillos, durante la Guerra del Pacífico, nos muestran que quizás
en situaciones tan extremas, tan distópicas, tan terriblemente desoladoras, se
es consciente de la dimensión comunitaria, más allá del individualismo
cotidiano.
Kobane, una ciudad Siria cercana
a la frontera con Turquía, está siendo
defendida por sus habitantes, frente a los ataques del llamado Estado Islámico.
En los últimos meses, el llamado Estado Islámico ha cometido los peores
crímenes internacionales, desde la ejecución extrajudicial hasta la venta de
mujeres y niñas como esclavas. Por ello, el temor de la comunidad internacional
es que esta ciudad caiga bajo el control
del Estado Islámico, debido a la tragedia humanitaria que se causaría a esta
ciudad.
Los kurdos son la minoría étnica más grande en el Medio Oriente que no se encuentra establecida en alguna forma de Estado nación. En la primera
guerra mundial, los kurdos se unieron lucharon junto a los aliados contra
el Imperio Otomano. Vencieron. Y gracias
al Tratado de Sèvres, obtuvieron el reconocimiento de su independencia.
Sin embargo, dicho
Tratado no fue ratificado. La Liga de Naciones repartió los territorios del
Imperio Otomano entre los vencedores de la Primera Guerra Mundial. Un rápido
movimiento político generó que Turquía se independice, y retenga un
considerable territorio del Kurdistan. El resto del kurdistan se dividió entre los mandatos a favor de Francia (Siria y Líbano)
e Inglaterra (Irak, Palestina y lo que vendrían a ser luego Israel y Jordania).
Desde el
establecimiento de la ONU, el pueblo kurdo viene reclamando su independencia. En la década del setenta, se fundó el partido
de Trabajadores del Kurdistan (PTK), quienes han continuado con el reclamo
independentista. En 1984, el PTK se alzó en armas contra Turquía. En el
2012, se inició un frágil proceso de paz. En la actualidad, el presidente del PTK, Abdullah
Öcalan, se encuentra preso y condenado a cadena perpetua por los delitos de
terrorismo y separatismo.
Esta breve referencia a la
llamada “cuestión kurda” resulta esclarecedora para comprender el criticado rol
del gobierno turco. Para Turquía, el PTK es una organización
terrorista. La militancia del PTK es muy cercana a las Unidades de Protección
Popular (YPG, en kurdo), quienes están
defendiendo Kobane de los yihadistas. El parlamento turco autorizó la
intervención en Siria, “para combatir a grupos terroristas”. Sin embargo, el
presidente turco Erdogaran, no aprueba una intervención focalizada en salvar a
Kobani, sino que exige que el exiguo régimen de Basshad Al Assad sea depuesto,
que los islamistas del estado islámico sean derrotados, y por supuesto, que se
combata al PKK.
La posición de Erdogaran, incluso,
puede ser considerada desafiante a Estados Unidos y el Reino Unido, en una
reciente declaración ha manifestado “Se lo digo a Occidente: soltar bombas
desde el aire no traerá una solución”. Lamentablemente, dicha afirmación se
ajusta a la realidad. John Kirby,
portavoz del Pentagono, ha manifestado que los ataque aéreos de la Coalición,
no serán suficientes para evitar que el Estado Islámico invada Kobani.
En los últimos días, el Presidente
de la Comisión de Investigación de Naciones Unidas sobre Siria, Paulo Pinheiro,
denunció las ejecuciones de cientos de personas del clan Al-Sheitat en Dayr Az
Zawr por parte del Estado Islámico. Asimismo, a la fecha, según el Observatorio
de Derechos Humanos de Siria, aproximadamente 400 personas han muerto por el
asedio del Estado Islámico, y 200 mil personas se han desplazado para
refugiarse en el territorio Turco. Aunque aún los habitantes de Kobane se mantienen
defendiendo la ciudad, el Estado Islámico ha capturado a nueve combatientes
kurdos y los ha decapitado a las afueras de la ciudad de Kobani[1],
lo cual sin duda vislumbra la terrible consecuencia humanitaria que provocaría
la toma de la ciudad por parte del Estado Islámico.
Sin duda es latente una crisis
entre Washington y Ankara. El gobierno turco no ha mostrado una posición clara
respecto al Estado Islámico, salvo la mera pasividad. Recientemente, el New
York Times ha dedicado un duro editorial a la política del presidente
Erdogaran, señalando que su actuación sobre Kobani es una acusación a sus cínicos
cálculos políticos y que su conducta es apenas digna de la de un aliado de la
OTAN[2].
En el mismo sentido, el diario español El País, indica que el accionar de Turquía
pone en peligro la cohesión de la coalición contra el Yihadismo[3].
El experto Günter Seufert ha señalado que para Turquía la prioridad no es la
lucha contra el EI, sino contra el PKK y, en segundo término, contra el régimen
de Assad en Siria, lo cual sin duda difiere de las prioridades de las Naciones
Unidas, la OTAN y de la propia Liga Árabe.
La cuestión a disipar es si las
fuerzas armadas turcas se movilizarán para defender a ciudad de Kobani. O en
todo caso, cuál será su posición luego de la caída de Kobani. En las ciudades
que han caído bajo el control del estado islámico, se ha ejecutado a sus
pobladores sin misericordia. No cabe duda que una inacción por parte de Turquía,
generara la inmediata reacción de la población kurda (hasta la fecha, las protestas ciudadanas han provocado la muerte de 21 personas), la condena al ostracismo
por parte del occidente, y lo peor, un
lamentable acercamiento al Estado Islámico, no por acción, sino por
omisión.

